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Cuando Jacura fue tierra de producción de tabaco

Foto del escritor: dcmjacura
dcmjacura
2 jul
5 min de lectura

Jesús Soto- Antes de que se explotara la ganadería en nuestro municipio, la población vivía de la agricultura. El maíz y el tabaco eran los principales sustentos, y las cosechas debían llevarse a Puerto Cumarebo en burros y mulas porque en ese entonces no existían vehículos. Escuchar sobre el tabaco es un hecho recurrente cuando se habla con los antiguos pobladores: relatos de cómo se sembraba, cómo se vendía en otras zonas y cómo llegó a ser una de las principales fuentes de ingreso en el municipio Jacura, marcando una época floreciente.


​Es fascinante adentrarse en las raíces de nuestro suelo y descubrir que Jacura albergó un movimiento comercial tan inmenso en torno a esta planta. El cultivo exigía una cantidad monumental de mano de obra y una atención minuciosa, con el desafío añadido que en aquellas décadas no se utilizaba ningún tipo de fertilizante químico. Por lo tanto, se requería tener profundos conocimientos de la tierra y sus cuidados para poder combatir todo tipo de plagas, dependiendo exclusivamente de la experiencia y la fuerza del brazo de los agricultores.


EL PROCESO DE LA PLANTA

El proceso del tabaco iniciaba con una paciencia absoluta al buscar la semilla para confeccionar el almácigo, ese semillero inicial donde se resguardaban los primeros brotes. Una vez que las plántulas alcanzaban la resistencia necesaria, se procedía al delicado trasplante en el terreno definitivo. Allí comenzaba una batalla diaria y manual contra las plagas, especialmente contra un voraz gusano que se alimentaba de la hoja y podía arruinar cosechas enteras. Tras un cuidadoso deshoje, las plantas se colocaban en el suelo sobre lonas para un primer tratamiento y luego se amarraban firmemente para colgarlas en caneyes o trojas, que eran estructuras techadas y cubiertas donde el aire y la sombra obraban el milagro del secado. Al alcanzar la madurez perfecta, las hojas se resguardaban nuevamente en lonas y finalmente se almacenaban en pipas, quedando completamente aptas para el consumo o la venta. La astucia y el ingenio del jacurense llegaron incluso a la experimentación aromática, implementando técnicas rudimentarias después del secado para saborizar las hojas con sutiles toques de café o vainilla, aportando un matiz único y especial al producto final.


​El ingenio jacurense destacaba en cada etapa del proceso. Para el debido secado y ensartado de las hojas, algunas personas utilizaban mecates fabricados de sibucara, un árbol de donde extraían la materia prima para este fin.


EL CENTRO DE ACOPIO Y ALIANZAS COMERCIALES

El comercio de este rubro transformó por completo la dinámica del territorio, convirtiendo al pueblo de Jacura en el principal centro de acopio de lo que hoy conocemos como municipio. En este punto comercial destacaba el señor Agapito Rodríguez, quien logró establecer un contrato y recibir financiamiento directo de la Cigarrera Bigott, una empresa de enorme relevancia nacional fundada en 1915 y que para 1920 ya era la principal productora de cigarrillos en Venezuela bajo la guía de Luis Bigott, pionero del tabaco rubio en el país. Mediante esta importante alianza, se sembraron extensiones importantes en la zona de La Vega, en tierras que actualmente pertenecen a Yhonny Sirit, destinadas exclusivamente a surtir a la gran tabacalera nacional.


​Para poner en marcha esta maquinaria económica y financiar los primeros arreos de burro que movilizaban el producto hacia otras regiones, el señor Félix Perozo otorgó préstamos y fiadas iniciales a Agapito Rodríguez, un impulso decisivo que consolidó la importancia económica de Rodríguez en la región.  Los fardos (que eran los lienzos tejidos de hilo de sisal y cocuiza donde se envolvía el tabaco para protegerlo en el camino) se trasladaban a lomo de bestia hacia los almacenes de Puerto Cumarebo. Allí, el comercio se medía en las unidades tradicionales de la época, como la arroba (una unidad de peso utilizada para las pacas, equivalente a 11, 5 kilogramos) y el quintal (una medida de comercialización que equivalía a cuatro arrobas, es decir, unos 46 kilogramos).


La producción era tan cotizada que personas como el señor Cuy viajaban a Cumarebo para cambiar sus cargamentos de tabaco directamente por kerosén, mientras que transportistas como Dámaso Campos dinamizaron el negocio al contar con su propio vehículo para llevar el cultivo a Cumarebo. El comerciante Enrique Hidalgo, proveniente de Píritu, también recorría la zona comprando la producción local para llevarla a los grandes depósitos.


LA PRODUCCIÓN POR PARROQUIAS

La geografía del municipio Jacura se dibujó al ritmo de este cultivo, mostrando realidades distintas en cada una de sus parroquias. En la parroquia Jacura, la siembra comercial floreció con fuerza en Buena Vista, Camururia, Origuaza y las zonas cercanas al cerro, impulsada por productores dedicados como Modesto Cambero, Castor Rico, Fay Cambero, Domingo Morales, Ismael Morales, José Muñoz, Ireno, Chucho Aldama, José del Carmen Piña, Alquímedes Meza, León Valles y José Telles. Entre todos ellos, Vicente Cambero se ganó una reputación legendaria como el mejor preparador de la región, dueño de las técnicas exactas para lograr el punto perfecto de la hoja.


​Mientras tanto, en la parroquia Agua Linda, durante las décadas de 1940 y 1950, el tabaco se convirtió en la materia prima esencial para el sustento de los hogares, comercializándose en pequeñas cantidades desde sectores como La Ciénaga, Chiriguacuo y Miria. En este último lugar, el señor Juan Pedro Morón llegó a sembrar la impresionante cantidad de 10 hectáreas; aquello parecía una empresa petrolera por la inmensa cantidad de atención y trabajo que requería, por lo que se vio en la necesidad de entregar una hectárea bajo el sistema de mediante (un acuerdo de aparcería) debido a que era demasiado para él solo poder atenderle.


​Por su parte, en la parroquia Araurima, la planta se mantuvo en escalas pequeñas y con un propósito estrictamente familiar y de consumo personal, una costumbre arraigada principalmente en Riecito y en las colonias de Araurima por la familia Sánchez Zavala.


EL CAMBIO HACIA LA GANADERÍA 

Este importante capítulo de nuestra economía comenzó a cerrarse cuando las grandes empresas tabacaleras nacionales desarrollaron sus propios cultivos industriales, reduciendo drásticamente la compra a los productores del pueblo. Casi de forma simultánea, la ganadería empezó a expandirse por el municipio, ofreciendo mayores ventajas económicas y un trabajo menos absorbente, lo que motivó a los agricultores a mudar sus conucos por pastizales para los animales.


​La siembra comercial se fue apagando lentamente hasta quedar en manos de unos pocos; Vicente y Fay Cambero figuraron entre los últimos en sembrar el rubro en el pueblo, y Enrique Hidalgo de Píritu quedó registrado en la memoria colectiva como el último comerciante en cargar quintales desde Jacura hacia Cumarebo. Aunque hoy en día las grandes plantaciones han desaparecido y la materia prima sobrevive únicamente en el consumo tradicional del tabaco masticado en Jacura o el enrollado para fumar en zonas vecinas, reconstruir esta historia nos permite redescubrir el extraordinario pasado agrícola de nuestro municipio.


​Cabe destacar que este artículo ha sido construido con el valioso testimonio de personas que vivieron y conocen de cerca estas historias. Al depender de la tradición oral, nos encontramos en una búsqueda incesante de registros y documentos históricos oficiales que nos permitan dar aún más solidez y precisión a lo expuesto en esta sección.

 
 
 

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