La fuerza de la fe y el abrazo de un país
Yosmary Bravo- El 24 de junio quedó marcado en el alma de los venezolanos no solo por el inmenso dolor que provocó, sino por la inmensidad del amor que despertó. La tierra se sacudió en varios estados del país, dos terremotos seguidos, considerado por los especialistas como un doblete de magnitud 7.2 y 7.5, los cuales desataron toda su furia en La Guaira y Caracas, el tiempo parecía detenerse no podíamos creer la gravedad de los daños porque a medida que pasaban los días se confirmarían miles de vidas perdidas, las labores de búsqueda no paraban en las edificaciones colapsadas pero en medio del sufrimiento y del dolor el venezolano nunca perdió la fe, el país entero se unió en primer lugar en oración y luego en solidaridad para ayudar a nuestros hermanos en medio de la tragedia que nos ha tocado vivir.
La tragedia tocó profundamente la fibra de nuestro municipio al cobrarse las vidas de queridos Jacurenses: Alcides José Cambero Piña, Débora Guzmán Cambero, Ana Guzmán Cambero, José Antonio Martínez Sarmiento y Julio César Piña Hidalgo. Su partida deja una huella imborrable en el corazón de Jacura y nos recuerda la fragilidad de la vida ante la fuerza de la naturaleza.
En apenas 24 horas Venezuela entera se movilizó a lo largo y ancho de todo el territorio nacional e internacional, porque no podemos dejar de mencionar a nuestra gente fuera del país que se organizó para enviar donaciones, un granito de amor que sirvió de ayuda a muchos y que hasta hoy siguen organizados para continuar recolectando insumos y enviarlos a Venezuela. Si hablamos de la labor del venezolano dentro del país tendríamos que definirlos como héroes acompañados y guiados por Dios para salvar vidas, desde aquellos que se fueron a realizar labores de rescate, a levantar escombros sin herramientas solo con sus manos, personas que incluso sin tener familiares bajo los escombros permanecieron día y noche durante semanas para salvar vidas porque si hay algo que nos identifica a los venezolanos es la generosidad, la solidaridad y el amor que sentimos por los nuestros.
Los venezolanos convirtieron sus salas, negocios, iglesias, templos y redes sociales en centros de acopio improvisados. En cuestión de un día, camiones, vehículos particulares y caravanas de motorizados llenaron las carreteras para abastecer y dotar a los centros de salud de La Guaira con medicamentos e insumos de primera necesidad para atender la emergencia así como comida, ropa e insumos de primera necesidad para las personas que lo perdieron todo. La respuesta no vino de la burocracia, sino del vecino, del comerciante, del profesional y del ciudadano común que entendió que el dolor ajeno era, también, propio.
A esta ola de hermandad se sumó la respuesta del mundo. Gobiernos y pueblos hermanos enviaron brigadas especializadas de búsqueda y salvamento desde naciones como El Salvador, México, Colombia, España, Estados Unidos y más de una docena de países. Más de tres mil rescatistas internacionales, junto a sus unidades caninas y equipos de alta tecnología, llegaron a suelo venezolano para sumarse brazo a brazo con nuestros brigadistas locales, demostrando que la fraternidad no conoce fronteras.
Pero, por encima de los brazos y de las provisiones, fue la presencia innegable de Dios y la fe inquebrantable de un pueblo lo que sostuvo a Venezuela en las horas más oscuras. Se hizo presente en cada rescate considerado imposible transcurridos los días, en cada familia que volvió a abrazarse en medio de las ruinas y en las oraciones elevadas en calles. La certidumbre de que nunca hemos estado solos se convirtió en el escudo con el cual levantarse del suelo.
Hoy, la emergencia material continúa y el camino hacia la recuperación será largo, muchas personas aún necesitan ayuda, es importante que no paremos las donaciones. Tragedias como ésta nos deja una gran lección: Los terremotos derrumbaron paredes, pero no pudieron con el temple de esta tierra, Venezuela demostró que su verdadero cimiento es la fe, la esperanza y un amor al prójimo que no se extingue. Ante la adversidad, la gente salvó a la gente, el mismo pueblo moviéndose con todas sus fuerzas para ayudar y esos amigos extranjeros que vinieron a prestar sus manos y conocimientos en este lamentable momento y que se van con el alma conmovida por el recibimiento y la fraternidad dada por cada venezolano aún en las perores situaciones, reafirmando que, mientras existan manos dispuestas a dar y corazones dispuestos a servir, siempre habrá luz para volver a empezar.
Esta tragedia también nos obligó a detener el ritmo acelerado del día a día, a mirar hacia adentro y revalorizar aquello que verdaderamente constituye lo sagrado de nuestra existencia: la vida misma, el abrazo incondicional de la familia y la serenidad cotidiana de contemplar la paz de un atardecer desde el frente de nuestras casas. Descubrimos que el verdadero patrimonio de esta tierra no reside en la solidez de sus muros ni en la magnitud de sus estructuras, sino en la nobleza indeleble de sus almas.
Después de esta experiencia, definitivamente ya no seremos los mismos; de hecho, ya no lo somos. Nuestro periódico también se ha transformado: no solo cambió en su diseño y apariencia visual, sino en la voz con la que escribimos, en cada palabra redactada con más pasión, entrega y corazón. Esta sacudida nos transformó en seres más conscientes y profundamente agradecidos con lo que tenemos. Nos enseñó a silenciar las quejas vanas por lo que nos falta, a amar con mayor intensidad y sin reservas, y a aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas cotidianas que antes dábamos por sentadas. Hoy nos levantamos cada mañana con la mirada puesta en el cielo para agradecer a Dios por el regalo de nuestra familia y por el milagro de seguir vivos, entendiendo que cada día de vida es una oportunidad y que en niuestras manos está la desición de como queremos vivirla si quedarnos sentados observando, o ser protagonistas de una linda historia donde ayudamos desde nuestras posiblilidades para que juntos logremos llevar momentos de alegría, y tranquilidad a esos hermanos que hoy solo nos tienen a nosotros para salir adelante.









Comentarios