Iglesia del municipio Jacura: 400 años de historia y resistencia arquitectónica

Moisés Sirit- La iglesia de Jacura fue construida aproximadamente hace 400 años, a finales del siglo XVII o tal vez a inicios del siglo XVIII, bajo la invocación de San Miguel Arcángel. Es la edificación más antigua del municipio Jacura. Su arquitectura es de estilo español, realizada con mano de obra aborigen, específicamente de los Ayamanes, Ajaguas y Caquetíos. La prueba de esto fue encontrada por el Obispo Martí durante su visita a Jacura el 24 de abril de 1773, con el libro parroquial de 1694, en el que se registró una partida de bautizo realizada en el pueblo con fecha del 24 de noviembre del mismo año, siendo este el documento más antiguo hallado en el municipio. Hoy en día, la iglesia es un monumento nacional debido a la data de construcción.
La iglesia se encuentra ubicada en la falda de una montaña llamada por los habitantes “La Mira”, aproximadamente en el centro del pueblo. En los alrededores de la iglesia se encuentran:
Al Norte: La calle Santa Rosa y cuatro casas de familia, la cual se conecta al este con la calle principal del pueblo y da paso a uno de los accesos laterales de la iglesia, y al oeste da acceso a la plaza Bolívar.

Al Este: Está la calle principal, llamada Boyacá, que conecta las distintas calles del pueblo y lleva a la iglesia, además de tres casas de familia.

Al Sur: El callejón Las Flores, que también se conecta con la calle principal y da acceso a la plaza Bolívar. Allí se encuentra una gran casa de familia y una intersección con el callejón San Miguel.

Al Oeste: Se encuentra una pequeña calle que une la calle Santa Rosa con el callejón Las Flores, con acceso directo a la plaza Bolívar del pueblo, a la casa parroquial y al registro civil.

La iglesia de Jacura es una propuesta arquitectónica interesante que busca equilibrar la sencillez del estilo colonial tradicional con una volumetría limpia, propia del minimalismo contemporáneo de la época. Los componentes principales que se pueden observar reflejan su estilo y composición volumétrica. La iglesia presenta una planta longitudinal de nave única, característica de las capillas doctrineras o rurales.
Su volumetría se define por la intersección de prismas puros, como la fachada frontal al oeste, con un frontis sencillo en forma de piñón (triangular) que remata en una cruz, con grandes pilares decorativos en sus esquinas con molduras a distintas alturas. La ausencia de ornamentación excesiva enfatiza la verticalidad del acceso principal. Por otro lado, la fachada posterior al este (torre/presbiterio) rompe la monotonía con un juego de volúmenes escalonados en la parte posterior, donde destaca una torre de campanario integrada a una base rectangular. Esta disposición es inusual, ya que tradicionalmente las torres se ubican en la fachada principal; aquí funciona como un remate visual que le da jerarquía al área del altar.
Otros elementos de fachada y ornamentación incluyen vanos y aperturas de proporciones verticales, arcos de medio punto en los accesos (frontal y laterales), con pilares a ambos lados de los accesos con decoración de molduras que demarcan los accesos e invitan a entrar al templo. Las ventanas pequeñas y elevadas sugieren una intención de control lumínico, creando un ambiente interior de recogimiento y protección térmica. Las ventanas pequeñas y elevadas sugieren una intención de control lumínico, creando un ambiente interior de recogimiento y protección térmica.
Las Molduras que se aprecian son lineales horizontales que actúan como "cornisas" simplificadas, las cuales ayudan a marcar la transición entre los diferentes niveles de los volúmenes, aportando sombras sutiles que dan profundidad a la fachada. El acabado con una textura lisa le otorga un carácter moderno. Por último, el techo propone una cubierta a dos aguas sobre la nave principal y el campanario, y a una sola caída en los volúmenes laterales.
En cuanto a su entorno y topografía, la iglesia se adapta a un terreno con pendiente, utilizando un zócalo o podio perimetral que nivela la estructura y le otorga una base sólida. Posee un espacio público con la inclusión de una pequeña plaza circular o "atrio" con vegetación y muros bajos, que genera un espacio de transición necesario entre la calle y el recinto sagrado.
Si hablamos de su distribución, posee cinco niveles:
Primer nivel: Consta de una plaza de recepción que da paso a la entrada principal de la iglesia. Esta posee jardines y escaleras para acceder, y es utilizada como lugar de encuentro y espera para la sagrada misa o distintas actividades.

Segundo nivel: La nave principal, bastante ancha y alta, con un estilo monumental donde se congrega el pueblo. Aquí se encuentran los bancos para la feligresía, la pila bautismal, el sagrario, el coro y, esparcidas por el templo, algunas imágenes de santos. Se puede acceder a ella a través de la entrada principal o alguna de las dos entradas laterales, posee pilares internos de madera de un árbol llamado "guaraparo" igual que la puerta principal, laterales y las ventanas. El piso original era de madera y actualmente es de granito, arriba de la entrada principal se puede apreciar un vitral con la imagen de San Miguel Arcángel dando iluminación natural para bañar de luz la entrada.

Tercer nivel: Se encuentra el altar mayor, se accede a el por una imponente entrada monumental similar a las entradas exteriores, con un arco de media punta y pilares en sus laterales con molduras, dando jerarquía y señalando que allí se encuentra el centro o lo más importante del templo que es el altar donde el sacerdote consagra el cuerpo de Cristo, del lado izquierdo está el deposito de manteles, artículos para la misa y el armario del sacerdote, también se encuentra la oficina administrativa con acceso a la calle, el lado derecho es utilizado para mantener las imágenes del templo y el acceso a un pequeño deposito. Además, se encuentra una escalera en la actualidad de caracol metálica, antiguamente de madera la cual es utilizada para subir a los siguientes niveles.

Cuarto nivel: Es un depósito amplio con ventanas alrededor, utilizado para almacenar distintos artículos de la iglesia.

Quinto nivel: El campanario, el punto más alto de la iglesia, donde se encuentran las campanas utilizadas para llamar o avisar al pueblo sobre la santa misa o alguna actividad. Las ventanas alrededor ofrecen vista al pueblo. Cabe destacar que el campanario fue la última construcción del templo y fue remodelado recientemente con cinduteja.

Su estructura es de paredes de mampostería fabricadas con adobe, con más de un metro de ancho en toda la iglesia. Su techo es a dos aguas, sostenido por los pilares anteriormente mencionados en la nave principal, siendo un techo de madera cubierto por zinc y un revestimiento de manto. En el depósito de la primera planta y el campanario se mantiene igualmente un techo a dos aguas, pero de cinduteja. Su sistema constructivo, como se puede apreciar, es el mismo de la época y se ha mantenido con el paso de los años.
Es fascinante ver cómo edificaciones que parecen “frágiles” por estar hechas de tierra y palos logran superar en longevidad al concreto moderno. No es casualidad ni suerte; se trata de una combinación de ingeniería vernácula inteligente y propiedades físicas únicas.
Las razones clave de esa resistencia de más de cuatro siglos son:
Flexibilidad estructural (el “secreto” antisísmico): A diferencia del concreto rígido, que se agrieta ante la vibración, el sistema de adobe y madera es flexible. La madera, como esqueleto, funciona como un marco elástico que absorbe y distribuye las ondas sísmicas, mientras que el adobe, como masa, al estar asentado con morteros de barro similares al ladrillo, permite micro-movimientos sin colapsar. En zonas sísmicas, esta “danza” con el terremoto es lo que mantiene la construcción en pie.
Inercia térmica y protección del material: El adobe es un excelente regulador térmico. Los muros suelen ser muy anchos, lo que genera una inercia térmica notable. Esto mantiene el interior a una temperatura constante, evitando dilataciones y contracciones bruscas que podrían fracturar otros materiales. Mientras el adobe se mantenga seco mediante un buen “sombrero” (techo) y unas buenas “botas” (cimientos de piedra), el material no se degrada orgánicamente.
Compatibilidad de materiales: En la construcción moderna, a menudo mezclamos materiales con coeficientes de expansión muy distintos (acero, vidrio, concreto). En el sistema tradicional, la madera y el barro “respiran” juntos. Ambos son materiales porosos que gestionan la humedad de forma similar. Al no haber acero de refuerzo interno, no hay corrosión. De hecho, el gran enemigo del concreto armado es la oxidación del hierro interno, que se expande y rompe el bloque desde adentro; el adobe no presenta ese problema.
La regla de oro: “Botas y Sombrero” Las construcciones que superan los 400 años cumplen rigurosamente con dos elementos:
Cimientos de Piedra (Botas): Evitan que la humedad del suelo suba por capilaridad y deshaga el barro.
Aleros Pronunciados (Sombrero): Los techos de madera con grandes voladizos impiden que la lluvia golpee directamente los muros.
Resumen de longevidad

Dato curioso: Muchos templos y casonas coloniales han sobrevivido más tiempo que edificios de acero del siglo XX simplemente porque el adobe, al ser tierra, ya alcanzó su estado de máxima estabilidad geológica.
Este reportaje no se refiere únicamente al ámbito religioso, sino que destaca la importancia de dar a conocer una infraestructura histórica de gran valor. La iglesia de Jacura ha logrado mantenerse en pie por más de cuatro siglos gracias a la calidad de sus materiales y a la fortaleza de su arquitectura, lo que la convierte en una joya y un patrimonio invaluable no solo para Jacura sino para toda Venezuela.








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