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Taidica, un caserío extinto del municipio Jacura

Foto del escritor: dcmjacura
dcmjacura
2 jul
4 min de lectura
Imagen recreada con IA donde se ilustra el terreno "tortuoso" de caminos empinados y pedregosos, así como la arquitectura de "vara en tierra.
Imagen recreada con IA donde se ilustra el terreno "tortuoso" de caminos empinados y pedregosos, así como la arquitectura de "vara en tierra.

Jesús Soto- La historia de las tierras que conformaron Taidica guarda un origen solitario y misterioso. Según relataban Pedro Leal, Juan Seco y Guillermo Cambero a Toribio Milean, el primero en habitar este territorio fue un hombre apodado "El Mocho Adán". Tras haber estado preso este personaje, el lugar quedó completamente solo. Fue entonces, a inicios del siglo pasado, cuando Natividad Milian llegó para establecerse y fundar formalmente el caserío, atraído por la presencia de un nacimiento de agua que terminó dándole el nombre al lugar. Natividad era de Jacura, aunque no se tiene certeza si era originario del caserío San Felipe, y se asentó junto a su hermano Lorenzo Milian y su esposa Anselma García de Milian, quien era oriunda de Chimpire, un caserío del municipio Píritu. El asentamiento estaba ubicado en una loma cercana a este manantial y el acceso era muy restringido; se llegaba por un camino que comunicaba con las comunidades de San Nicolás y Origuaza, el cual era muy tortuoso debido a las bajadas y subidas empinadas cubiertas de piedras.


​Para comprender cómo creció y se desarrolló este rincón jacurense, el señor Fidel Milean, descendiente directo de esta familia pionera, aportó los siguientes datos en cuanto a las familias que allí habitaban. Con el establecimiento de los hermanos fundadores, la población comenzó a expandirse. Natividad y Anselma tuvieron cuatro hijos: Magdaleno, Petra, Antonio y Catalina; además, Natividad tuvo una hija fuera del matrimonio llamada Braulia Montero. Por su parte, Lorenzo procreó a Carmen, Pedro y Bernardina, quienes llevaban el apellido Leal por ser hijos naturales. Al consolidarse el caserío, las nuevas generaciones formaron sus propios hogares. Magdaleno casó con Ismenia Piña, levantó su vivienda muy cerca de la paterna y tuvieron una "catajarria" de hijos. Petra contrajo matrimonio con Pedro Cortez, también hicieron casa en el lugar y procrearon una "churrumbamba" de muchachos, sumados a dos hijos que ella tuvo fuera del matrimonio. Antonio casó con Elodia Perozo, oriunda de La Vaca de Maicillal, y se quedaron a vivir en la residencia de los padres, donde criaron a un "pocotón" de muchachos; asimismo, Antonio convivió con Cristina Arteaga, con quien tuvo cuatro hijos. Los hijos de Lorenzo también hicieron vida en la localidad.


​Posteriormente, llegó Ramona García, hermana de Anselma, acompañada por sus tres hijos: Florencio, Juan y Rafael. El caserío estaba compuesto por varias familias que habitaban construcciones conocidas como casas de vara en tierra, entre las cuales resaltaba la estructura de Anselma por ser la más imponente. Aunque con el tiempo se mudaron los Secó y los Leal, al final permaneció únicamente la descendencia de Anselma. La zona siempre se caracterizó por su prosperidad económica gracias al manantial, el cual utilizaban para los sembradíos por medio de riego, siendo la agricultura la actividad principal, complementada con la pesca y la búsqueda de miel.


​Durante mucho tiempo existió el fuerte rumor de que el agua del lugar no era apta para el consumo humano. Esta creencia se originó en el propio seno de la casa principal, ya que Elodia Perozo sufrió la pérdida de varios de sus hijos, fallecimientos que ella misma adjudicó a las propiedades del manantial, asegurando que el agua era mala para la salud. Sin embargo, años más tarde se llevaron muestras del recurso para ser analizadas en la ciudad de Coro, donde los resultados científicos salieron positivos, demostrando que sí era limpia y apta para las personas. El verdadero inconveniente radicaba en que el agua no era abundante ni corría de forma fluida, sino que tendía a quedarse estancada, lo que dificultaba su aprovechamiento óptimo.


El fin de este asentamiento llegó de forma progresiva. Los últimos pobladores salieron en 1968 - 1969 debido a que solo quedaba una última familia en el territorio. Como algunos de sus miembros ya habían egresado de sexto grado y necesitaban continuar con sus estudios, decidieron trasladarse definitivamente hacia Churre (Pueblo Nuevo) tras adquirir una vivienda en esa población. Actualmente, el paso del tiempo ha dejado huellas visibles de aquella época: de la casona principal de Anselma aún quedan las paredes en pie y los montones de caliche y madera acumulados; de la casa de Ramona García persisten los promontorios de material, mientras que de las viviendas de Pedro Cortez e Ismenia Piña todavía se pueden observar los rastros claros de sus cimientos.


​Esta memoria colectiva también conserva relatos misteriosos como la desaparición de una niña de 8 años en el monte, quien de un momento a otro apareció entre medio de la gente; un acontecimiento que los pobladores atribuyeron directamente a los duendes, una de las leyendas más arraigadas de este antiguo territorio. Toda esta valiosa reconstrucción histórica ha sido posible gracias a la integración de los testimonios de Toribio Milean Piña y Fidel Milian, quienes suministraron la información indispensable para rescatar del olvido las crónicas de nuestro municipio.


¿Qué otros caseríos del municipio existieron antes y hoy se encuentran extintos?

 
 
 

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